Despedida a dos voces

Por Cristina Castro Poblete (1)

Manuel Jesús Manríquez Solorzano (5 de noviembre de 1961-18 de junio de 2020) eras conocido por todos tus cercanos como gordo… mi gordo. Te conocí en 2010 y luego de dos años de linda amistad comenzamos nuestra relación. Había varios que se oponían. Sin embargo, lo que sentíamos nos llevó a escribir una linda historia juntos, llena de amor, risas, juegos y muchos momentos felices.

Siempre fuiste un hombre sencillo y honesto, muy trabajador y sacrificado, optimista y positivo. Desbordabas alegría, en cualquier lugar y circunstancia. Tenías la capacidad de dibujar una sonrisa en el rostro de quien fuera que tuvieras enfrente.

En lo personal, tengo mucho que agradecerte. Mi vida y la de mis hijos cambió diametralmente al tenerte con nosotros. Llenaste mis días de alegría, me enseñaste a no desgastarme por cosas sin importancia, a disfrutar cada momento y a encontrar la felicidad en lo sencillo de la vida. Contigo supe lo que era tener un compañero siempre presente y dispuesto para ayudar en lo que pudiera, o simplemente apoyar con un abrazo.

Como todos, también pasamos por altos y bajos, hubo momentos difíciles y nuestra relación no estuvo exenta de discusiones y desacuerdos. Tuvimos la capacidad de buscar soluciones juntos y seguir adelante. Sin embargo, llegó el día en el que el diálogo ya no fue posible. Se nos agotaron las posibilidades de la conversación.

Ante el miedo de faltarnos el respeto y abrir heridas profundas en el otro, con mucha pena, pero con seguridad, decidimos separarnos y buscar las ayudas necesarias. Prometimos seguir apoyándonos en lo que fuese necesario, mantuvimos una comunicación y contacto frecuente. Nunca nos desentendimos el uno del otro.

Recuerdo bien el último día que nos vimos. Me despertaste con una torta y un rico desayuno, por el Día de la Madre. Después no hubo más visitas. Con la pandemia al acecho y tú, tan expuesto al contagio en La Vega, lo mejor era mantener la distancia.

Distancia que fue sólo física, pues mantuvimos contacto telefónico. Cuando te sentiste enfermo, me pediste ayuda. Te asistí y te apoyé en todo lo que pude. A pesar de que empeoraste muy rápido y de que el pronóstico era desalentador, fue un tiempo lindo para nosotros. Nos sentíamos más cerca que nunca. Disfrutamos de largas conversas telefónicas, nos dimos cuenta de que aún nos amábamos con fuerza. La última, fue muy profunda y sin saberlo fue nuestra despedida.

Pasaste diez días en coma en los que había pena, dolor, pero mi deseo de evitarte cualquier sufrimiento era más fuerte. Deseaba que si, por voluntad de Dios, tenías que partir, lo hicieras en paz y sin dolor. Y así fue. Nos dejaste hace un poco más de siete meses y aunque extraño mucho tus abrazos, tus risas y tu presencia física, sé que desde donde estás acompañas mi camino.

Me quedo con todos los lindos recuerdos del tiempo que compartimos juntos en esta vida y te agradezco que, a pesar de nuestra separación, pudimos amarnos y respetarnos, tal como nos prometimos en el día de nuestro matrimonio. Hasta que la muerte te llevó de este mundo.

Ahora descansas en la paz del Señor. Me despido con un tremendo abrazo al cielo y con la esperanza de un reencuentro en la vida eterna.

Con amor, Cristina.

Por Carmen Luz Güemes Álvarez (2)

A continuación, algunas palabras de alguien que te quiso mucho y te recuerda siempre con mucho cariño:

Este proyecto colectivo para despedir o compartir nuestra historia junto a tantxs que no tuvimos la oportunidad de estar cerca de ti en tu despedida, querido Gordo, es el mejor regalo que se me da.

Hacerlo público aquí, además, me sitúa en la comunidad parroquial, junto a tu familia, tus amigxs y todxs los que te conocimos, quisimos y compartimos contigo a lo largo de tu vida y que, gracias a este obituario, podrán conocerte un poco.

Fue inesperado, muy rápido e impredecible. Nunca se me va a olvidar ese 13 de marzo, cuando llegué a la parroquia y al saludarlos a todxs, les explicaba que lo haría de lejos, por respeto a las medidas sanitarias, y tú me dijiste: “No estoy ni ahí con el COVID ¡Ven para acá!” y sin darme opción, me abrazaste con ese abrazo apapachador y cariñoso que te caracterizaba ¡Fue nuestro último abrazo!

Cuando recuerdo ese momento, te veo sonriendo, contento de verme y me encuentro contigo en esa sonrisa y en ese abrazo del oso, que siempre será nuestro abrazo.

Nos encontramos por el camino de la vida, en tu último tiempo entre nosotros, aunque nunca pensamos que sería así. Pudimos compartir el sueño de llegar a Roma junto a los peregrinos; tuvimos el regalo de conocernos, de compartir el día a día, de reírnos fuerte, de compartir en familia con quienes tanto querías; disfrutar la rica mesa, el tiempo de verano en Las Cruces y tanto más que la vida nos regaló.

Las veces que te llamé para pedirte ayuda con algunas compras para el comedor en Lo Valledor, generoso, siempre dijiste sí. No olvidaré la alegría que significó para mí que me pidieras ser parte de tu proceso de formación para recibir el sacramento de la Confirmación y que me escogieras como madrina.

Te arrancaron de nuestras vidas sin permiso, pero a la vez, tuve el regalo inmenso de acompañarte con mi oración a la distancia, en el momento más importante y doloroso a la vez, cuando comenzó tu proceso de reanimación. Tan lejos y tan cerca a la vez, de ti y la Cristi, pero unidos como nunca. Estabas muy debilitado y no lo lograste. A las 11:30 am de ese 18 de junio de 2020, te tocó a ti, querido Gordo, recibir el abrazo más grande y apapachador de todos, descansaste en los brazos del Señor.

Agradezco al Señor de la vida que nos hayamos cruzado en el camino, Gordo. Lo hiciste más alegre, entretenido y te quedaste conmigo para siempre.

¡Conocerte fue un regalo y ser tu amiga, un honor!

3 comentarios sobre “Despedida a dos voces

  1. Como mides la pobreza, Si no necesitan plata , para vivir, no dependen de negocios, Porque no los puedes ver como otra cultura, Y sin broma a mi me gustaría pertenecer, si el problema es la ley, que puso Pinochet , para quitarles terreno y con los impuestos nuestros hasta el día de hoy nos quitan palta, devuelvan los Terrenos, Los Lusskic, Antononilli. y demases, dejen de ganar plata a costa de otros, ese terreno si te loa paso Pinochet, no vale..

    Sergio Rodriguez Jorquera. Visual fx

    sergpostprod@gmail.com +569 8 5347093

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  2. Qué manera de sentir a Dios en nuestro camino, con estas palabras llenas de amor y recuerdo.
    Nada más que decir gracias Señor por las personas que nos pones en nuestras vidas, llenas de vida, llenas de tí.Espero seguir compartiendo y conociendo. La alegría del gordito me llenó de vida y alegría en nuestro grupo peregrinos tan sencillo y cariñoso.Lo recordaré siempre por su alma de niño alegre y feliz.

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  3. Gracias Alejandra por este lindo proyecto que nos permite honrar la memoria de quiénes quisimos y de continuarla en quiénes podrán leer nuestros testimonios. Quedó preciosa la edición, “Despedida a dos voces”.

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