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PROYECTO OBITUARIO: “Mi viejito, Juan Guerrero”

Por Myriam Guerrero Vera

Mis viejos estaban en San Antonio con mi sobrina Macarena, quien vivía con ellos. Además, estaban haciendo la cuarentena Nacho, mi otro sobrino, y su pareja Bárbara. Ellos no salieron desde Marzo (de 2020) de la casa. Macarena salía a hacer las compras necesarias y generalmente, las pedían a domicilio. Mi viejita Margot (85), tiene fibrosis pulmonar. En abril, tuvo una bronconeumonia y una neumonitis. Por eso, el doctor nos dijo que la visitáramos. Ahí comenzamos a ir, Estela mi hermana mayor; Blanca mi hermana menor; mi hijo Ivo y yo, viajábamos desde Santiago tomando todas las precauciones. Nos bañábamos antes de verlos, nos cambiábamos la ropa que traíamos de la calle, entrábamos sin zapatos, etc. Para el Día de la Madre, yo fui en la mañana y Estela, en la tarde. Hicimos un asado. Mi viejito (83) estaba súper bien. Ese día se sentía un poco resfriado, casi nada. El día lunes amaneció un poco más decaído. El miércoles 13 de mayo, mi sobrina Macarena estaba de cumpleaños, y él no quiso levantarse, tuvo colitis y llamamos al doctor. Así comenzó nuestra pesadilla.

El doctor nos dijo que lo lleváramos al hospital. Llamé a Jaime, mi esposo. Mi viejito salió caminando. En el camino me decía que pagara las cuentas, que cuidara a mi mamita. Lo llevamos al Sapu y del Sapu al hospital. Lo atendieron muy bien, la doctora que lo atendió me dijo que había que trasladarlo a Valparaíso, que probablemente tenía COVID. Fue un balde de agua fría, estuve con él desde las siete de la tarde hasta las 2.40 hrs de la mañana del jueves, en el Hospital de San Antonio. Se veía bien, insistiendo en que pagara la cuentas, que cuidara a mi mamita. La doctora que lo atendió me dijo que él volvería, que ella lo veía bien.

Mi papá era muy temeroso a todo, pero ese día no tenía miedo. Se veía tranquilo, feliz porque lo atendían bien. Le dije papito te llevarán Valparaíso y preguntó por cuántos días, le contesté que por dos solamente, que sea lo que Dios quiera, me contestó. Lo acompañé hasta la ambulancia, me hizo chao con su manito, y nunca más lo vi….

El jueves viajé a dejarle sus cosas. Por la noche me llamó para que le llevara pañales. Estaba preocupado porque había ocupado unos que no eran suyos, y además me pidió que le llevara diez mil pesos para tener. Hablamos con él por videollamada toda la familia, hasta el sábado. Ese día nos dijo que lo perdonáramos, que no llamáramos  tanto, que las señoritas tenían mucho trabajo, que no le lleváramos comida porque no estaba bien. Esa fue la última llamada que recibimos…

El domingo 17 de mayo no llamó. Pasadas las diez de la noche me llamó mi sobrina Macarena. Tía, me dijo, mi tatita falleció…

Nunca olvidaré… Envié la foto de su carnet, salí con mi esposo y con mi hijo mayor Ivo a contratar los servicios, horrible. Ellos nos orientaron sobre lo que teníamos que hacer. El lunes fuimos al cementerio Parroquial de San Antonio a hacer más trámites, mientras tanto Ivo ya se había ido a Valparaíso para poder acelerar la entrega de su cuerpo. En el cementerio sólo recibían hasta las 2 de la tarde. Estando ya en Valparaíso, mi esposo, mi hijo, la pompa y yo, tratando que nos dieran el certificado de defunción para enviarlo a mi hermana menor, Blanca; y para que mi sobrinos pudieran pasar. Llegó una amiga, Ely, a acompañarnos, aunque debió participar desde lejos.

Fue muy triste, desgarrador todo. No nos dejaron ver a mi viejito. Nos entregaron sus cosas y nos vinimos a San Antonio, mi viejito en la pompa, mi hijo, mi esposo y yo. Hablé con los del servicio funerario para poder pasar por la casa, llegando al cruce de San Antonio. Había gente esperándonos. Pasamos por afuera, mi mamita en la ventana con mi hermana mayor, mi sobrina, mi sobrino. Después nos contaron lo difícil que fue para Estela y Macarena contarle a mi mamá que mi papá había fallecido. Dicen que reaccionó con mucha rabia. Todavía cree que le hicieron algo en el hospital, no se conforma. La tuvimos muchos días llorando, no quería nada.

Paramos unos segundos y de ahí seguimos al cementerio, donde sólo pudimos entrar cinco personas: Ivo, mi hijo mayor; Jaime, mi esposo; Blanca, mi hermana menor, Juan Esteban mi sobrino menor y yo. Todo esos trámites los hicimos entre las 8 de la mañana y las dos de la tarde.

Mi mamá, con fibrosis pulmonar, mi hermana mayor con lupus y artritis reumatoide, mis sobrinos Macarena, Manuel Ignacio, Daniela, mi hijo menor Jaime y yo, todos resultamos contagiados. No pudimos reunirnos como familia, para contenernos. Estábamos todos aislados.

Mi papito tenía 83 años. Nos crió muy regalonas a sus tres hijas mujeres: Ester, la mayor, Blanca, la menor y yo, Myriam, la del medio. Él nos enseñó a estar juntas siempre. El 18 nos juntábamos todos en su casa. Hacía empanadas, muchas, para nosotros y repartía a los vecinos. Le encantaba que hubiera gente en su casa. Nos dejó muchos recuerdos, ampliaciones en nuestras casas, muebles hechos por él. Él era nuestro maestro. Nos arreglaba todo: las llaves, cambiaba el piso, nos hacía ampliaciones. Era un viejito bueno, le gustaba ayudar, a nuestros amigos también les hizo arreglos en sus casas. El Día de la Madre nos recitó, no hizo versos, que tenemos guardados con un tesoro. Tenía muy poca escolaridad, hasta segundo básico no más, pero era un genio. Cómo duele esta pérdida.

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PROYECTO OBITUARIO: Rodrigo, en la primera línea

Por Ronald Zamora

Es difícil contar una historia cuando hablas de una persona querida y admirada, por qué quizás se tiende a caer en exageraciones, pero quiero hacerlo muy simple.

Rodrigo, de la Barra, padre de dos hermosos hijos, separado e hijo de una familia con profundos valores sociales, comenzó en la lucha desde los primeros días de la revuelta; primero apoyando la manifestación y luego, usando su rociador para ayudar a quienes eran afectados por las lacrimógenas . Así partió su participación y terminó uniéndose a una de las brigadas que se crearon como respuesta al actuar de las fuerzas represivas.

Yo lo conocí en noviembre del 2019, cuando él ya era parte de la brigada de salud TEA. Ron se hacía cargo de ayudar a recuperar la vista y la respiración de los manifestantes. Para cuando los ojos destrozados y los heridos y caídos eran pan de cada día, Rodrigo muchas veces arrebató a compañer@s de las propias manos de la fuerza policial. Él sabía que si caían presos, no volverían en mucho tiempo a sus casas, ni a ver a sus familias. Siempre lo dijo: “Yo estoy para salvar a nuestra primera línea y dejarla combativa nuevamente. Nací en la lucha y me debo a cada combatiente que ahí esté”. Creía en la libertad de los presos de la revuelta y no descansaría hasta verlos nuevamente en la calle o junto a sus familias.

Fue partícipe de muchas campañas de apoyo, enviando mercadería, cigarros, yerba mate y otras veces dinero a los compas presos. Nunca perdió esa idea fundamental que lo hacía un hombre muy querido en Dignidad. Por diferencias, dejó de participar en la brigada que lo cobijó durante los primeros meses de la revuelta, pero nunca abandonó la calle. Siguió colaborando con su primo Roland, hasta que creó una nueva brigada, a la que bautizó como “Newen Mapuche”. Poco a poco a poco comenzó a recibir a personas que querían ayudar y no sabían cómo.

Preparó a un pequeño grupo y reclutó a otros como yo, que teníamos experiencia como combatientes y también como brigadistas de avanzada, esos que estábamos entre los pacos y la primera línea, evitando las detenciones o sacando heridos graves de los enfrentamientos para poder sanarlos y que no fueran apresados por ya sabemos quién.

Fue un líder en todas las facetas de la vida, su brigada la moldeó como él creía que era la vida: todos éramos iguales y nadie tomaba decisiones sin consultar y votar cada una de las acciones que realizaría la brigada. Le dio ADN la directriz : La brigada Newen Mapuche nace con la lucha, la primera línea y los presos políticos. Quien no esté de acuerdo, es libre de continuar su camino en otro lugar.

Muy rara vez no iba a brigada, por causa de su trabajo, pero seguía minuto a minuto todo lo que pasaba con ella. Se preocupaba de que todos llegaran sanos a su casa. Fue un hombre amoroso con sus compañeros, solidario y, por sobre todo, consecuente en su vida y en la lucha. Para muchos, es un ícono o un héroe. Para nosotros, es hoy una leyenda que escribió su historia con letras de fuego y sangre, un guerrero en Dignidad y contra el maldito virus que le arrebató la vida. Fueron 29 días de una lucha dura, 29 días en que dio todo por volver con su familia y estoy seguro que con su brigada también.

El  8 de abril de 2021 y acompañado de su familia y miembros de su brigada dejó este mundo, a los 44 años de edad.

Se fue un hombre, pero nació una leyenda.

PAPAS AL HORNO: ¿Ley de Patrimonio Cultural o ley de Souvenirs Imagen País?

Poe Francisco Papas y Alberto Horno


El jueves 20 de mayo, en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados se llevó a cabo la votación relativa a la Nueva Ley de Patrimonio Cultural. Tanto la ministra de cultura, Consuelo Valdés, como el subsecretario Emilio de la Cerda, insistieron en sus bondades, con tono amenazante.  La idea de legislar de esta ley nefasta se aprobó en general por 7 votos contra 6. A favor se pronunciaron todos los diputados de ederecha en esa instancia: Baltolou, Cruz-Coke, Fuentes, Fuenzalida, Trisotti, Longton, a quienes se sumó el DC Verdessi.

Se trata de una ley inconsistente, con errores, omisiones y contrariedades, en forma y fondo, que no hacen sino exponer nuevamente a un Ejecutivo incapaz de salir de las lógicas neoliberales que han sellado su destino. Pareciera que opera con una inercia para elaborar propuestas sesgadas y fallidas, que ni la revuelta de octubre ni la demanda popular por una nueva constitución han podido romper.

Teniendo la oportunidad de construir una ley que involucrara a los distintos actores del mundo patrimonial y cultural, proponiéndose proteger, promover y preservar el caleidoscopio cultural chileno tanto material como inmaterial, el gobierno ofrece una ley que prácticamente no protege ni incluye a todos, y no sanciona con fuerza a quienes atentan contra el patrimonio cultural chileno; aflorando además en su constitución, las insaciables reglas del mercado.

Hay muchos aspectos criticables, pero seguramente el más importante y más grave es la omisión de la consulta nacional a los pueblos originarios, condición previa y sine qua non para presentar cualquier propuesta o idea de legislar en esta materia. Por eso decimos que esta aprobación se hizo de forma ilegítima.

El oficialismo promete que hará la consulta luego, cuando avance la discusión. Es solo un compromiso verbal ¿Estaría dispuesto el gobierno a tirar por la borda la ley si los pueblos originarios lo rechazan cuando sean consultados? Esto no es un detalle moral respecto de cómo hacer las cosas. Es una práctica anticonstitucional que transgrede los acuerdos internacionales que el Estado de Chile se ha comprometido a cumplir. El convenio 169  de la OIT firmado por Chile establece entre otros el deber para el Estado de Chile de consultar las medidas legislativas y administrativas susceptibles de afectar directamente a los pueblos originarios, a través de sus instituciones representativas y procedimientos apropiados, de conformidad a sus características socioculturales, dicho proceso debe ser realizado de buena fe y con la finalidad de llegar a un acuerdo o lograr el consentimiento acerca de las medidas propuestas” . Este convenio obliga al Estado chileno a realizar dicha consulta.

El diputado del Partido Liberal Alejandro Bernales planteó, como alternativa, que se hiciera la consulta a los constituyentes electos de los pueblos originarios, pues fueron escogidos democráticamente, con representación amplia de sus pueblos. Aún así, el gobierno, que afirma que no pudo hacer la consulta por causa de la pandemia, se negó al diálogo con las y los constituyentes. Por estas razones, la diputada Marisela Santibáñez (PC) está articulando la reserva constitucional correspondiente, que pretende impedir que esta ley siga avanzando.

Es inaceptable que de forma arbitraria y a conveniencia de los mismos intereses de siempre, se ignoren los acuerdos internacionales que tienen rango constitucional. El gobierno de Chile y el oficialismo deliberadamente violan la Constitución, que tanto defienden, para ignorar e invisibilizar, una vez más, a los pueblos originarios.

Esperamos que la futura Constitución no sea vulnerada por las prácticas corrosivas de la derecha chilena, y de una clase política que inoculó el neoliberalismo en todas nuestras formas de constituir sociedad, subordinando el principio del bien común a la lógica de los intereses particulares. Precisamente, este tipo de convenios internacionales busca que se proteja el bien común al que, en principio, los estados adscriben.

Pero aún hoy, como una evidente practica colonial, el Estado de Chile y su gobierno les sigue despojando a los pueblos originarios lo que les pertenece; esta vez, al menos, su derecho a voz y a ser reconocidos como iguales, y no como ciudadanos de tercera o cuarta clase.

Por otro lado, nos preocupa también el enfoque occidentalizante que el proyecto propone, un sesgo que no considera la diversidad de miradas y los abordajes que los pueblos originarios podrían aportar.  Hay un marcado interés en instalar lo patrimonial, desde una identidad “chilena” y su historia, reflejada principalmente en aspectos materiales. Esta ley omite las cosmovisiones de los pueblos originarios y cómo desde ellas se podría resignificar la idea de “lo chileno”. Se protegería el patrimonio cultural mapuche entendido simplemente como un bien transable del que sacar provecho. Esta ley promueve la mercantilización, la folclorización, y en buenas cuentas, la banalización de la riqueza cultural de los pueblos, reduciendo aquellas materialidades y tradiciones a simples objeto-productos.

El patrimonio mapuche, más que en dibujos, kollon, rukas, praprawe, Makuñ, está en su relación de aprendizaje con la naturaleza, y esta ley no la protege; no demanda el retiro del monocultivo de árboles no endémicos que dañan el ecosistema, que permite la existencia de las culturas madre. No prohíbe inundar cementerios y lugares sagrados para crear nuevas represas; ni la instalación de piscinas para la crianza de salmones, que eliminan la flora y fauna marítima, erradicando así la cultura culinaria y las dietas ancestrales.

Para el Ministerio de Cultura, el patrimonio cultural de los pueblos originarios es un souvenir que se puede exhibir en publicaciones tipo “vivienda y decoración”, que resaltan la producción de objetos hechos por indígenas  y sus “emprendimientos” para salir o superar una supuesta pobreza. Un falso espectáculo, que no es sino otra forma colonizante de “civilizar al indio”, adecuándolo y sometiéndolo a un hacer que deliberadamente excluye la riqueza cultural de su origen.  El buen indio, el buen mapuche civilizado, que no incomoda, se convierte así en un productor de mercancías de “la imagen país”.

Los puentes entre lo chileno y lo ancestral no se pueden ser construir incorporando a los pueblos originarios en la precarización laboral que el sistema neoliberal impone. Más bien, lo que se espera de una ley de patrimonio cultural es que acepte, fomente, resguarde y restituya la capacidad de los pueblos de vivir en comunidades basadas en la autogestión, el apoyo mutuo, y lazos de solidaridad; que respete su cultura y tradiciones; que su organización pueda estar coordinada con los ciclos-formas que la  naturaleza entrega; y sobre todo, que  proteja a los pueblos del utilitarismo económico occidental, y de la “chilenización” de las comunidades.

Los pueblos originarios no necesitan de una economía, ni de fórmulas sociales chilenas para   mantener su patrimonio. Lo que realmente necesitan es que Chile deje de ser un país que, de manera actualizada en el siglo XXI, siga ejerciendo prácticas despóticas y colonizantes.

PROYECTO OBITUARIO: MIS PEDROS

Para Pedro Acuña Molina y Pedro Acuña Bustamante

Por Fernanda Valenzuela Acuña

Mis Pedros, padre e hijo, mi abuelo y mi tío se fueron así sin más, como nunca nos imaginamos, con una pandemia de la cual no tuvimos control y que a través de su cara más indolente y oscura nos enseñó a enfrentar momentos difíciles desde la distancia y con la carencia del afecto físico que se vuelve tan importante en estos momentos.

Ellos partieron con un día de diferencia; aún siento el dolor como si fuera ayer, la incertidumbre de no recibir noticias desde el hospital y la soledad al tener que cuidar a un enfermo de COVID en casa que se iba apagando cada día más. Ellos siempre fueron uno, iniciando por su nombre, y sin dudarlo fueron parte fundamental de esta familia.

27 de junio de 2020

Él, mi abuelo, el que siempre nos cuidó, el que nos acogió en su casa para pasar tardes enteras jugando y siendo felices, aprovechando para comer rico y ver televisión todos juntos, el que se deslomaba trabajando como salvavidas para poder tener a su familia en las mejores condiciones. El callado, pero que siempre tenía la última palabra, el que en todo momento me escuchó cuando tenía algo que decir; con el que discutí muchas veces sobre muchas cosas, pero fueron finalmente esas discusiones las que nos acercaron y nos hicieron mirarnos el uno al otro. Espero sinceramente que te hayas ido orgulloso de mí porque yo estoy y siempre estaré muy orgullosa de ti.

Recuerdo aún ese último día en que te vi. Antes de que llegara esa ambulancia para llevarte. Te miré, toqué tu pelo y te dije “tata, pórtate bien, haz caso a todos para que puedas volver pronto a la casa”. Fueron las últimas palabras que repetí muchas veces en mi cabeza queriendo que se volvieran realidad, que volvieras para poder cuidarte; pero no fue así, volviste, pero ya no eras tú porque tú ya no estabas aquí.

Fuiste la persona más fuerte y correcta que conocí, cuánto daría por haber estado ahí para que no te fueras solo, para que alguien hubiese tomado tu mano, para que al menos sintieras que estábamos a tu lado.

Tata, te quiero con el alma y créeme que honro cada día que pude pasar contigo. 

29 de junio de 2020   

Y tú, tío Pedro, siempre único, siempre especial; porque eras distinto, porque veías la vida desde otro lugar, un lugar en el que siempre intentamos protegerte y del que pocas veces lograste salir por ti mismo, pero un lugar en el que me encargué de crear el mejor mundo para ti.

Decir que no marcaste nuestras vidas sería faltar a la verdad, porque tener una persona como tú en la familia definitivamente es un sello imborrable. Estás en todo lo que hago, te pienso porque eso me da energía, porque me ayuda a mirarme a mí misma y a volver a quien soy, a volver a recordar esos días en que nos sentábamos a inventar historias para entretenernos y hacerte feliz.

Fuiste luz y sombra, fuiste tristeza y alegría, fuiste miedo y sorpresa, fuiste todo lo que te pudimos dar y créeme que para mí fuiste mucho más.

Los pienso siempre.

*Edición: Vera Biniza

El interrogatorio del Tío Mamo: Eduardo Fuentes


Para esta edición del interrogatorio del Tío Mamo procuramos entrevistar a un periodista de fuste, al guaripola de la nueva forma de impugnar al poder, a quien se ha hecho un nombre dentro de los medios a puro talento. Lamentablemente Julio César no estaba disponible, pero tenemos a Eduardo Fuentes, uno de los rostros más importantes de este detestable nuevo periodismo, que ha abjurado del rol de relacionador público que había desempeñado desde la época de mi Jeneral.

Eduardo ¿Algún parentesco con José Alfredo Fuentes?
R: De momento solo la callulla… Él es de los Fuentes entonados.

Se rumorea que el cheque que recibes a fin de mes lleva la firma de George Soros ¿Confirmas esa información?
R: Agradezco la pregunta. Esto se debe a que durante muchos años mis cheques decían Sorry, no Soros.

Mucha gente en tuiter señala que Magda “La Pollo” Diaz llamó al canal para pedir el segmento “De lunes a viernes con censura” ¿Son reales esos rumores?
R: Sí. Y quiero agregar que llamó con cobro revertido, lo que encuentro “atroh”.

Eduardo ¿Es cierto que el café del canal, más que cargado, es cargante?
R: Checho no lo sabe pero el tramoya les pone laxante. Al final será cagado más que cargado.

¿Qué tan avanzadas están las conversaciones que te llevarían a ser el próximo rostro del Casino Enjoy?
R: Se metió por los palos el casino de máquinas Payaso de calle Tres Poniente en Maipú. Así que todo puede pasar.

Al interior del canal se rumorea que la destacada periodista Alejandra Matus y la peluquera del canal no tienen una buena relación ¿Lo confirmas?
R: Alejandra Matus es como Larroulet: Son un colectivo. Y quien conozca La Red sabe que no hay plata para estilistas.

Desde palacio se comenta que las editoriales de Mentiras Verdaderas, en las que has emplazado la gestión presidencial han tenido un profundo efecto en nuestro primer mandatario ¿No crees que estas habrían tenido un efecto más real si la crítica hubiese sido directo a su jefe, el señor Cristian Larroulet ?
R: Ahora entiendo todo.

Querido Eduardo, hay quienes sostienen que eres el Felipito Camiroaga de este tiempo, e incluso muchas mujeres mal atendidas en el hogar —y algunos hombres también— reconocen que fantasean con esa bien cuidada barba ¿Estarías dispuesto a iniciar conversaciones con alguna empresa textil que fabrique toallas con tu rostro?
R: Felipe hay uno solo… Además el tema género hoy es muy sensible. Prefiero un acuerdo con la siempre amable industria del retail.

Muchas gracias Eduardo, una última pregunta ¿Me harías gancho con la Doctora Cordero? O darme su guazap, por último.
R: Tío Mamo, no mames.

La vieja nueva justicia de clase

Por Alejandra Matus

Al hablar de administración justicia, desde una perspectiva crítica, la noción de una justicia de clase aparece en los primeros lugares, la queja por su comportamiento diferenciado entre poderosos y pueblo, entre ricos y pobres, entre clérigos y trabajadores, trabajadoras.

A esta queja, algunos jueces, cuando me ha tocado entrevistarlos sobre el tema, o en sus discursos de inauguración del año judicial, oponen como respuesta que la percepción es errónea. Afirman que la justicia, por el papel que le corresponde jugar, siempre estará en el último lugar de popularidad. Lo dicen con orgullo: “Si somos impopulares, es porque lo estamos haciendo bien”. Es la respuesta Julio Jaramillo: “Ódiame por piedad yo te lo pido. Ódiame sin medida, ni clemencia”.

Otros, defienden la idea de que al sistema judicial solo le corresponde aplicar la ley: “Si hay sesgos de clase, de género, es porque la ley viene así, desde el Congreso”. Es la respuesta Pedro Fernández: “Si te vienen a contar cositas malas de mí. Manda todos a volar y diles que yo no fui”.

A riesgo de simplificar problemas complejos, me pregunto, calzando los zapatos de la ajena, de la que no tiene sobre sus hombros la responsabilidad de administrarla: ¿Ha sido, es, nuestra justicia, una justicia de clase?”

En 1925, decía el poeta Vicente García-Huidobro:

“La Justicia de Chile haría reír, si no hiciera llorar. Una Justicia que lleva en un platillo de la balanza la verdad y en el otro platillo, un queso. La balanza inclinada del lado hacia el queso. Nuestra justicia es un absceso putrefacto que empesta el aire y hace la atmósfera irrespirable. Dura e inflexible para los de abajo, blanda y sonriente con los de arriba. Nuestra justicia está podrida y hay que barrerla en masa. Judas sentando en el tribunal después de la Crucifixión, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su infamia, mientras interroga a un ladrón de gallinas. Una justicia tuerta. El ojo que mira a los grandes de la tierra, sellado, lacrado por un peso fuerte y sólo abierto el otro que se dirige a los pequeños, a los débiles”.

El expresidente del Consejo de Defensa del Estado, Eduardo Novoa Monreal, publicó en 1972, su famoso ensayo: “¿Justicia de Clase?”, un estudio de veinte casos que analizó para concluir que “La justicia está al servicio de la clase dominante, y que interpreta y aplica la ley con miras a favorecer a los grupos sociales que disfrutan del régimen económico-social vigente, en desmedro de los trabajadores, que constituyen en el país una amplia mayoría”. La acusación perforó el corazón de la alta magistratura chilena y probablemente fue uno de los motivos que alimentó la conducta beligerante de la Corte Suprema durante el gobierno de Salvador Allende.

Su papel deficiente (en la protección de la vida y derechos de las personas) en la dictadura ha sido profusamente analizado y, con bemoles, ha sido reconocido, con mayor o menor entusiasmo por la cúpula judicial (pese a que un puñado ha insistido en la respuesta Julio Jaramillo o Pedro Fernández para explicar su conducta).

Concedamos, por un momento, que no es posible comparar la conducta de la justicia en dictadura y en democracia -en cuanto a sus sesgos de clase-, pues en un régimen dictatorial, con las instituciones democráticas paralizadas, se generan dinámicas distintas.

Sin embargo ahora, que han transcurrido 30 años desde el retorno a la democracia y con varias reformas profundas de por medio, me parece válido repetir la pregunta de Novoa Monreal: ¿Es nuestra justicia una justicia de clase?

Algunos casos recientes creo, nos permiten, preliminarmente ensayar una respuesta:

-Caso SQM: A fines de octubre recién pasado, la Corte Suprema condenó al controlador de las empresas SQM, Julio Ponce Lerou, a pagar 75.000 UF como multa por infringir la ley del mercado de valores, en el denominado “caso Cascadas”. Y confirmó en su sentencia, la rebaja de la sanción original 1.700.000 UF, sobre la base de que el TC había acogido la inaplicabilidad del artículo 29 del Decreto Ley N°3.538 para este caso. 

El sentido de la sanción pecuniaria en este caso era, según ese fallo, disuadir a los actores del mercado financiero, para que se abstuvieran de acometer similares operaciones, que “fueron ideadas de tal manera de desnaturalizar su fin último (el del mercado de valores), esto es, impidiendo que el mercado opere como un lugar de libre y espontáneo encuentro de la oferta y demanda, por la vía de instrumentalizar normas bursátiles que propenden al precio justo de las operaciones y hacerlas funcionales a un esquema que buscó el beneficio personal de sus participantes”. Entre las entidades perjudicadas, como se sabe, estuvieron los fondos de pensión de los trabajadores chilenos y también los de trabajadores canadienses y estadounidenses. Por el perjuicio a estos últimos, los extranjeros, sin embargo, Ponce Lerou se comprometió a compensar una cifra similar a la que le perdonó la Corte chilena. El castigo por su conducta no contempló presidio.

-Caso revuelta: Durante el estallido social, cientos de personas fueron detenidas bajo acusaciones de distinta naturaleza: desórdenes, destrucción de propiedad pública y privada, maltrato de obra a carabineros. Es difícil hacer un catastro de cuántas de ellas quedaron, desde entonces, en prisión preventiva. Una recientemente creada organización de familiares afirma que son 2.000. La Comisión Chilena de Derechos Humanos, en base a datos entregados por fiscalía, los cifra en el orden de los 500 casos. Tomemos el dato más conservador para este análisis. Se trataría de 500 personas, en su mayoría jóvenes de sectores populares, hombres, pero también mujeres, que se encuentran en prisión preventiva a la espera de un juicio por delitos que, de ser condenados, contemplan penas bajas. Sin siquiera cuestionar que se considere como única prueba para la formalización un parte de carabineros y el excesivo tiempo que se están tomando las fiscalías para investigarlos, considerando que las penas podrían ser inferiores al tiempo que llevan encarcelados, creo que mirados estos casos desde el principio de proporcionalidad y desde el simple sentido común, es fácil constatar que se aplica de manera inversa al caso cascadas.

Sumemos a ello que conocimos hace poco que un padre y su hijo fueron absueltos de las acusaciones de haber quemado una estación de metro, pero quienes ya pagaron el “error” judicial con un año privados de libertad. En tanto, el magistrado Daniel Urrutia, fue degradado por sus superiores por haber otorgado, en marzo de este año, de oficio, la libertad provisional a 13 jóvenes acusados de desórdenes públicos.

Un estudio del Departamento de Estudios Sociales de la Universidad Católica (DESUC), en conjunto con la Defensoría Penal Pública, en 2018, demuestra el 71% de los ciudadanos todavía piensa que “la justicia no es igual para todos”.

Cada caso en particular, por supuesto, puede ser defendido por nuestro sistema judicial acudiendo a las respuestas Julio Jaramillo o Pedro Fernández. 

Y si uno pone la mirada en el progreso, puede destacar cosas como que en el caso PENTA se mantuvo en prisión preventiva a los acusados a sabiendas de que nunca cumplirían, como primerizos, penas privativas de libertad. Que ahora existe algo que se llama responsabilidad penal de las personas jurídicas y se han incorporado a nuestra legislación muchos delitos económicos. La composición misma de los tribunales ha cambiado (hay más mujeres y magistrados provenientes de un origen social diverso). En los tribunales laborales, los abogados le dicen a la cuarta sala de la Corte Suprema “la CUT”, y en materia de Derechos Humanos, a la segunda le dicen “El comité central”.

La vieja justicia inquisitiva en lo penal ha sido reemplazada por un sistema contradictorio y oral, en que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a una defensa pagada por el Estado. No obstante, sabemos que la preferencia del Estado, a través de los recursos y modalidad de funcionamiento que otorga al Ministerio Público y a la Defensoría Penal, se inclina a favor del primero.

Creo que, en lo esencial, las quejas del poeta García-Huidobro y del abogado Novoa Monreal siguen quemando en nuestras conciencias y merecen ser abordadas por el conjunto de la sociedad. En el momento constituyente en que nos encontramos, me parece, no puede quedar fuera la pregunta: ¿Cómo sería una justicia no clasista (y, me permito agregar, no machista)? Tarea para la casa.

Estudio Cepal: “La riqueza regalada a la gran minería del cobre en Chile: nuevas estimaciones, 2005-2014”

En el Programa Pauta Libre de anoche (11 de abril) mencioné un estudio de la Cepal que estimaba las pérdidas para el Estado de Chile por la escasa tributación que pide a las empresas privadas que explotan el cobre. Se llama: “La riqueza regalada a la gran minería del cobre en Chile: nuevas estimaciones, 2005-2014”, de los autores Gino Sturla Zerene, Ramón E. López, Simón Accorsi O. y Eugenio Figueroa B.

“En este trabajo se estiman las rentas económicas de los diez yacimientos que constituyen la gran minería privada del cobre en Chile (…) Las estimaciones muestran que la riqueza regalada a estas empresas alcanza un valor piso de 114.000 millones de dólares entre 2005 y 2014”, dicen los autores.

Y agregan: “Estas rentas son neutras en relación con las decisiones de inversión y producción, es decir, si estas empresas privadas hubiesen pagado al fisco chileno el monto calculado, su inversión y producción totales no habrían cambiado, pero el país habría podido disponer de esos cuantiosos recursos. Además, en ausencia de cualquier otra distorsión, estas empresas igualmente habrían tenido rentabilidades equivalentes a las que hubiesen logrado en una economía de competencia perfecta”.

Aquí se los comparto completo

AFP Provida acumula miles de reclamos por no pago y demoras en retiros del 10%

Entre los afectados hay chilenos y chilenas con residencia en el exterior, mujeres que pidieron retención de los fondos de sus exmaridos por pago de pensiones alimenticias, y personas que, pese a haber solucionado sus trámites judiciales, aún esperan que se les pague el primer retiro. En algunos casos, los pagos no llegan ni con documentos firmados por gerente de Operaciones de Provida, Piero Gianuzzi. Según datos de la Superintendencia de Pensiones, la AFP suma casi 5.000 consultas y reclamos por problemas con primer y segundo retiro, solo entre diciembre de 2020 y marzo de este año.

Por Alejandra Matus

Según datos de la Superintendencia de Pensiones, entre diciembre de 2020 y marzo de este año, AFP Provida acumula 3.170 consultas y reclamos por problemas con el pago del primer retiro del 10 por ciento del Fondo de Pensiones y 1.730, por dificultades con el segundo, a pesar de haber sido aprobados por ley. En total, 4.900 quejas contra esta AFP.

Provida administra un cuarto de los cotizantes del país, pero en esta materia concentra el 50 por ciento de las consultas y reclamos.

El 4 de marzo recién pasado, Provida publicó en su página de Facebook un mensaje corporativo, con el slogan: “Los que están en Provida, ganaron más”. Hasta hoy, 9 de abril, ese post tenía 2.500 mensajes de respuesta, mayoritariamente cotizantes quejándose por la dilación y falta de respuesta a sus reclamos por no pago de alguno de sus retiros del 10%. Entre ellos, Jasmín Tobar, quien relata que ha ido “más de 5 veces a hacer el reclamo del primer 10%”, por pago de pensión alimenticia, ya resuelto en los tribunales de familia, y que en cada ocasión le piden la resolución que ha entregado la vez anterior, sin que la AFP se dé por enterada.

Masiel Cerda se queja del mismo problema: “Meses esperando y solo dan números de requerimientos. Te hacen contactarte por teléfono o mensaje interno y no dan respuestas coherentes. Y como último (recurso) te pasan a estado crítico y te siguen haciendo esperar, para después decirte que no saben por qué”.

Ante cada protesta, se gatilla la respuesta automática e idéntica de la AFP: “Hola! Envíanos tu Rut y consulta por mensaje privado para revisar el estado de tu solicitud”. De acuerdo con los usuarios, es otra pared con la que se estrellan después de enviar los antecedentes.

Según fuentes de la Superintendencia de Pensiones (SP), los reclamos se han ido resolviendo paulatinamente y por eso no se han generado multas ni sanciones por estas dilaciones. Una respuesta insuficiente para usuarios como Carlos Rodríguez, chileno avecindado en Perú, quien viajó a Chile para intentar resolver el pago de sus dineros y lleva un mes esperando en el país, lejos de su familia y fuente laboral. Rodríguez me contó que, al igual que otros cotizantes, se aburrió de denunciar a Provida ante la SP y recientemente denunció a su director, Osvaldo Macías, ante la Contraloría General de la República por “notable abandono de deberes”.

En su caso, no ha tenido retenciones judiciales por pensión alimenticia, pero sí la mala fortuna de estar viviendo en el extranjero cuando se aprobó el retiro del Primer 10%.

“Yo vivo en un pueblo en medio de la selva peruana, con mi esposa. Soy escritor y hago trabajos de marketing y otras cosas para ganarme la vida. Cuando se aprobó el primer retiro, había que ir al consultado para hacer el trámite y con la cantidad de peruanos que ha trabajado en Chile y que quiso rescatar sus fondos, fue un caos. Decidí esperar un poco, porque además la pandemia estaba en su punto más álgido. A mediados de octubre tomé un bus a Lima, para hacer el trámite. Me tardó 12 horas llegar y me quedé a alojar en la ciudad otros 20 días, esperando el pago en mi cuenta del Banco Continental, pues me dijeron sería expedito”.

Pero la espera se hizo insostenible y Carlos debió regresar a su pueblo, desde donde llamaba constantemente a Provida preguntando por su solicitud. “No sé cuántas veces me pidieron el teléfono y me dijeron que una ejecutiva me iba a devolver el llamado, cosa que no ocurría o simplemente la operadora me mentía”, relata.

A mediados de noviembre recibió un correo de Provida informándole que su solicitud había sido aceptada y a comienzos de diciembre, otra comunicación en que le aseguraba que el pago estaba hecho. Carlos esperaba recibir antes de una semana el dinero en su cuenta y apenas se aprobó el segundo retiro, hizo la petición para rescatar los fondos, ahora en línea, pues se había abierto un portal para los cotizantes que vivían en el extranjero.

Sin embargo, pasó el tiempo y el dinero no llegó. Carlos dudó de su banco y exigió aclaración. En la casa bancaria le explicaron que Provida debía enviarle una prueba del giro, con el código de la transferencia, para poder rastrearlo. “Provida me mandó un documento de Excel, ordinario, donde afirmaba que me habían pagado, pero sin código, ni pruebas de la transferencia”, señala.

Entonces se dio cuenta de que no era el único con el problema. Siguiendo redes sociales, se puso en contacto con chilenos en todo el mundo que enfrentaban la misma situación y reclamó ante la Superintendencia de Pensiones. “Tampoco me sirvió. Salvo enviarle una consulta por mi caso a Provida, no hicieron nada más”.

A comienzos de diciembre, Carlos recibió un llamado informándole que el primer retiro se le había depositado el 21 de diciembre, pues el primer giro había fallado, y que a más tardar, el 30 de diciembre tendría el dinero en su cuenta. La ejecutiva le dio, además, la buena noticia que el segundo retiro le iba a llegar antes, el 24 de diciembre, para la Navidad, pues Provida había hecho un esfuerzo especial para acelerar ese pago.

“Pasé unas fiestas horrorosas, pegado al computador, esperando que apareciera el dinero, que no llegó el 24, ni el 30”, afirma. A fin de mes recibió una notificación firmada por el propio Gerente de Operaciones y Gestión de Beneficios de Provida en Chile, Piero Gianuzzi.

“No nos faltó la comida en ese período, afortunadamente, pero sí contábamos con ese dinero como familia. Fue un desgaste psicológico tremendo levantarse todos los días a las 6:00 de la mañana, prender el computador y seguir viendo el saldo de la cuenta en cero”.

Finalmente, Carlos decidió viajar a Chile a resolver el problema. Se consiguió 250 mil pesos para los pasajes y se alojó en la casa de un hermano. Desafiando las restricciones de cuarentena, acudió diariamente a las oficinas de Provida hasta que pudo aclarar que el dinero fue transferido en dólares por Provida desde una cuenta en Estados Unidos a Perú y cómo no venía con el código Swift correcto, el dinero regresó a la cuenta de la AFP en el extranjero.

“Fue una operación inválida, pero según me explicaron los ejecutivos de mi banco, es un problema que se soluciona en horas. Son comunicaciones electrónicas. No necesitan meses para resolverlo. Yo tengo la impresión de que esta es una maniobra deliberada para retardar los pagos. Primero, porque si nos hubieran pedido en los formularios que anotásemos los códigos para transferencia interbancaria y no sólo nuestro número de cuenta, este problema no habría existido. Segundo, porque cuando llegas a Chile te dicen que las respuestas que te dan los call center no tienen ninguna validez, pues son empresas externas y entonces, ¿por qué te dirigen a ellas para tramitar los retiros desde el extranjero? Ya son muchos los casos que conozco similares y los propios ejecutivos de Provida te dicen, para callado, que tienen instrucción de tramitar a los clientes”, cuenta. En el tiempo que lleva en Chile, Rodríguez logró que se le depositara el primer retiro, pero al cierre de esta nota, aún espera el segundo.

Ni por resolución judicial

Cuando se aprobó el primer retiro del 10 por ciento, Javier Torres llegó a un acuerdo con su exesposa para dividir el dinero entre él y su hijo. Para formalizarlo, acudieron a tribunales y un juzgado de familia sancionó que Provida debía hacer el giro a las cuentas indicadas en el escrito. Pasaron los días y el pago no se ejecutó. Los ejecutivos que atendieron a Javier en La Serena, le daban distintas respuestas y finalmente terminaron afirmando que el pago había sido aprobado y que debía esperar el depósito.

“Pero pasó un mes y nada. Entonces acudí a la Superintendencia de Pensiones, que le ordenó a Provida que nos pagara”, recuerda.

El 2 de febrero, Javier se acercó a la AFP para ver qué había pasado con su reclamo. La ejecutiva que lo atendió entró al sistema y encontró una carta firmada por el gerente Piero Gianuzzi en que afirmaba que los pagos habían sido autorizados y que los recibirían él y su hijo entre el 1 y el 10 de febrero de 2021.

Como eso no ocurrió, la Superintendencia le sugirió que esperara 15 días hábiles para que se solucionara el problema.

“Esperé pacientemente que pasaran los 15 días hábiles y un par más, y el 27 de febrero volví a insistir. Ahí una ejecutiva me dijo que los jefes los tenían estresados, porque tenían que dar la cara e inventar excusas, pues la AFP quería recuperar lo que había salido con el primer retiro antes de seguir pagando. Volví a la Superintendencia donde abrieron un nuevo reclamo y me dijeron que tenía que esperar ahora hasta el 9 de marzo”, dice.

Javier Torres cuenta que, finalmente, su hijo recibió a fines de marzo la mitad que le correspondía por el primer retiro, pero él no ha recibido la suya y del segundo retiro aún no se paga nada.

Daniel Jiménez (cuya identidad ha sido cambiada a petición del trabajador) vive en Huasco y cuenta que, a pesar de su trabajo precario y ocasional, ha sido siempre puntual con el pago de la pensión alimenticia de sus hijos, pero que se le había acumulado una deuda por el reajuste del IPC. “Pensé que con el primer y el segundo retiro podría saldar la deuda y quedar al día”, cuenta y que estaba de acuerdo con su expareja en la forma de hacerlo.

“Desde el 31 de julio de 2020, en que pedí el primer retiro, hasta hoy 9 de abril de 2021, no me han dado nunca una respuesta clara”, expresa. “El Juzgado resolvió que Provida me tenía que pagar y Provida le echa la culpa al tribunal. Aquí en Huasco, donde vivo, estuvimos en fase 3, 2 y 1. Solo salgo a comprar al negocio que está a la vuelta de mi casa, pues vivo con mi madre que es de alto riesgo y no quisiera contagiarla. Así se me hace más difícil ir a Provida o al Tribunal. Sigo insistiendo por internet, pero siempre recibo la misma respuesta. Se había creado un grupo ‘Provida miente’, donde yo vi 6.000 casos como el mío, pero Facebook lo bloqueó. He llorado de rabia y frustración. Me da una enorme vergüenza tener que hacer público mi caso, pero ya no sé qué hacer”.

Exceso de muertes en 2021 es casi cuatro veces más que lo esperado

Por Alejandra Matus

En marzo, en Chile, han muerto 800 personas por semana por sobre lo esperado. Esto es, una cantidad 37% por encima del promedio de las muertes ocurridas en el mismo período, en los cuatro años previos a la pandemia. Y la velocidad de los fallecimientos va en aumento.

El 24 de abril de 2020, cuando publiqué el cálculo de exceso de muertes para el mes de marzo de ese año, en comparación con el promedio de años previos (con la ayuda de mi hermano Marcelo Matus y otros académicos de la Universidad de Chile), se habían registrado unos 800 casos en exceso en todo el mes.

El gobierno reaccionó desmintiendo primero y aceptando después que había un subregistro en la contabilidad de decesos por causa de la pandemia. Muchas cosas han pasado desde entonces, pero una se mantiene relativamente igual: la persistente negación del costo en vidas que ha tenido el COVID-19 en Chile.

Tras la salida del ministro Jaime Mañalich a mediados del año pasado, el ministro Paris comenzó a publicar el registro de fallecidos del Departamento de Información y Estadísticas (DEIS), que usa el método recomendado por la OMS e incluye tanto los casos en que el diagnóstico está ratificado por un test PCR positivo, como aquellos otros en que, aunque el test no esté o sea negativo, el deceso coincide con el cuadro clínico que provoca el coronavirus. Pero pronto Paris volvió a la práctica de su antecesor y, hasta hoy, el informe oficial solo anota los fallecidos con PCR positivo. El total de casos que certifica el DEIS se esconde en un cuadro que aparece en el Informe Epidemiológico, que se publica aparte y “se cuelga” en la página del Ministerio, pero no se comparte en las ruedas de prensa cotidianas.

Hasta el 1 de abril, la distancia entre ambos números era de casi 8 mil casos: 31.151 fallecidos por COVID de acuerdo con el DEIS; 23.328, según el reporte diario del Minsal ese día. Curiosamente, el Ministerio cita como fuente de sus informes de prensa al propio DEIS, pero omite decir que la información que entrega es parcial.

En cualquier caso, esta forma de reportar perdió su capacidad de opacar la realidad, pues aún considerando solo la estadística que prefiere el gobierno de Chile, el resultado es desastroso.

Nueve investigadores de la Universidad de Oxford, especialistas en demografía, salud pública, epidemiología y sociología, hicieron público recientemente la versión preliminar de su estudio sobre “Retrocesos en los recientes avances en la esperanza de vida debido a la Pandemia de Covid-19”. Este revela que, en promedio, los chilenos retrocedieron casi un año y medio en este indicador y las chilenas, un año. El estudio consideró el impacto en las muertes provocadas por la pandemia en 29 países. Para el caso local, se tomaron en cuenta los datos publicados por el ministro Paris cada mañana, no los del DEIS.

Entrevisté al investigador principal de este estudio (vea el detalle al final de este artículo), el mexicano José Manuel Aburto: “Para poner esto en perspectiva, en Chile la esperanza de vida en 2020 está en niveles todavía más bajos de los reportados en 2015. Lo que representa un retroceso en reducciones de la mortalidad, principalmente en adultos mayores de 60 años”, me dijo.

El paper, cuya versión completa en inglés pueden descargar aquí, está en etapa de revisión de pares y considera la información del año 2020, cuando aún Chile no comenzaba esta segunda ola de contagios, que ha alcanzado peaks todavía más altos que los registrados en el peor momento del año pasado.

Y este año, el exceso de fallecimientos es casi cuatro veces que la anotada en el mismo período en el año anterior. Es importante destacar que este índice solo muestra cuántas personas mueren por encima de lo esperado en un año normal, no las causas de su deceso. Sin embargo, los especialistas lo consideran una buena radiografía del impacto de la pandemia, tanto por muertes directas asociadas al COVID, como de las indirectas (por ejemplo, casos de gente que no se atendió a tiempo otras patologías por el colapso del sistema hospitalario).

Esta es la fotografía de exceso de muertes en lo que va de 2021. La base en azul es el promedio de las muertes inscritas por semana, entre 2016 y 2019, según datos del Registro Civil. En naranja, las inscripciones semanales en 2020. Y en verde, las inscritas en lo que va de 2021. La diferencia en lo que va 2021 es de 37% por sobre el valor promedio 2016-2019 y 23% más que el año pasado, en el mismo período.

Además, como es sabido, el promedio esconde abismantes diferencias entre comunas. En Cerro Navia, en lo que va del año, la diferencia de fallecidos por sobre lo esperado previo a la pandemia, es de 309%; en Estación Central, casi 70% más. En Vitacura, 19%.

Estas diferencias también se expresan en distintas regiones. Iquique y Punta Arenas registran casi un 80% más de muertes que lo esperado; Coronel, 81%; Puerto Montt, 73%; Osorno, 75%.

El cuadro a continuación, muestra las diferencias de fallecidos en lo que va de 2021 respecto de lo esperado.

Las medidas tomadas por el gobierno para contener la propagación del virus han sido ineficientes para detener el costo en vidas humanas, a pesar del éxito demostrado en el proceso de vacunación. La paradoja llevó esta semana a los diarios estadounidenses The New York Times y The Washington Post a decir que el caso chileno era una demostración de lo errado que es confiar solo en la vacuna como medida preventiva de la pandemia.

El exceso de muertes se ha producido en todo Chile, pero a nivel de regiones también hay diferencias significativas.

El investigador José Manuel Aburto me contó que su estudio revela que, para Europa, por ejemplo, el impacto de la pandemia equivalía al shock provocado por la Segunda Guerra Mundial y que en algunos países la caída ha sido aún mayor que para ese evento.

¿Cuánto tardarán los países en recuperarse de este efecto? Depende. En el mejor de los casos, el COVID-19 será un latigazo, un instante en la historia que pasará rápido. Pero, advierte, las segundas y terceras olas, las nuevas variantes del virus y las secuelas en la salud de quienes se han recuperado, atentan contra el optimismo.

(Los cálculos, gráficos y cuadros publicados fueron realizados por Marcelo Matus Acuña, PhD. en Ingeniería Eléctrica y en Computación).

José Manuel Aburto, Doctor en Salud y Demografía, investigador en la Facultad de Sociología de Oxford:

“Las secuelas del COVID-19 en la esperanza de vida son catastróficas”

¿Por qué es importante la “esperanza de vida”, qué muestra y cómo se calcula?

-La esperanza de vida es un indicador demográfico que resume el perfil de la mortalidad de un país durante un periodo de tiempo, generalmente un año. Indica el número promedio de años que un recién nacido viviría si las condiciones de mortalidad observadas en un año no cambiaran a lo largo de su vida. Al ser un indicador con este supuesto, no se debe interpretar como una proyección, sino como una fotografía de las condiciones en ese año. Su principal ventaja es que no está afectado por la estructura de la población, lo que permite comparaciones en el tiempo y entre distintos países y poblaciones. Es el indicador más usado para medir la longevidad.

¿Qué muestra el análisis de 26 países que hiciste con otros autores?

-Nuestro artículo muestra que el efecto de la pandemia ha sido catastrófico para la mayoría de los países. Encontramos que muchos países perdieron más de un año de esperanza de vida en 2020 con respecto a 2019. Para poner en contexto, estos niveles de pérdidas no los habíamos observado desde la Segunda Guerra Mundial en varios países o desde la caída de la Unión Soviética, en los países de Europa del Este.

¿Por qué incluiste a Chile en la muestra de 26 países?

-Porque me interesa incorporar a América Latina en los estudios de este tipo que, por lo general, siempre toman como muestra los países del hemisferio Norte. Chile, en la región, era el único país de América Latina para el cual existían datos sobre mortalidad por edad y sexo para el año 2020. Por eso no pude incluir, como hubiera querido, a México o Brazil.

¿Cuál es la situación de Chile? De acuerdo con el análisis que hiciste, ¿cuánto retrocedió Chile en esperanza de vida por causa de la pandemia?

-La esperanza de vida bajó 1,4 años para los hombres y cerca de un año para las mujeres. Para poner esto en perspectiva, la esperanza de vida en 2020 está en niveles todavía más bajos que los reportados en 2015. Lo que representa un retroceso en reducciones de la mortalidad, principalmente en adultos mayores de 60 años.

Según tu paper, los hombres retrocedieron más tiempo que las mujeres en esperanza de vida ¿A qué lo atribuyes? ¿Alguna hipótesis?

-Generalmente, los hombres tienden a tener menor esperanza de vida que las mujeres. Existen varias hipótesis sobre por qué sucede esto. Los hombres tienden a ser más vulnerables, menos propensos a adoptar una conducta saludable, acudir al médico, etc. Además, los hombres son más propensos a tener muertes por accidentes en edades jóvenes, así como muertes violentas. Hay otra hipótesis que se refiere a la genética, que supone que las mujeres tienen una protección doble al tener dos del mismo cromosoma. En cuanto a la pandemia, pues estas mismas hipótesis, se mantienen y se puede agregar que además ellos pueden estar más expuestos quizás por ocupación o profesión.

En Chile, como en otras sociedades desiguales, la esperanza de vida al nacer está fuertemente correlacionada con los ingresos y la vulnerabilidad socioecómica. El estudio que realizaste, ¿da cuenta de esta disparidad?

-La evidencia que existe respecto de Estados Unidos, un país con mucha desigualdad, sugiere que los grupos más vulnerables han perdido hasta tres veces más de esperanza de vida comparado con el promedio que se reporta a nivel nacional. Lamentablemente, los datos que se requieres para hacer este tipo de estudios son muy difíciles de conseguir. En el nuestro, solo consideramos los datos a nivel nacional.

¿Qué impacto tiene, desde el punto de vista de las políticas públicas, un retroceso en esperanza de vida de esta magnitud? ¿Cuánto tardaría un país como Chile en recuperar los avances logrado en el pasado?

-En el mejor de los casos, el COVID-19 es solo un shock temporal y la esperanza de vida subirá a su nivel normal siguiendo la trayectoria de incremento en corto plazo. Sin embargo, también es posible que las consecuencias de la pandemia se noten en el futuro tanto directamente en la población (por ejemplo por las secuelas de COVID-19 en el largo plazo o la capacidad mermada de los servicios de salud), como indirectamente (por ejemplo, la crisis económica puede que produzca más desigualdad y que los niveles de pobreza suban, lo cual es muy probable que se refleje en un estancamiento de la esperanza de vida).

PROYECTO OBITUARIO: Amor a Mirta Baeza Canales

Graciela Castillo Baeza, hija:

La última vez que pudimos compartir como familia con mi madre, hermosa mujer, por dentro y por fuera, fue en enero de 2020, en su casa de la playa. Como cada año, la ayudábamos con las reparaciones. Éramos sus “maestros chasquilla”. Apenas nos enteramos del surgimiento de la epidemia de COVID en China, empezamos a leer y a buscar información, a pesar de las nefastas declaraciones que hizo el 22 de enero la entonces Seremi de Salud de la Región Metropolitana, Rosa Oyarce: “Yo creo que el coronavirus no llegará a Chile”. Qué poco informada esa señora.

Mi mamá, estaba muy preocupada por todos nosotros. Ella pensaba pasar todo el verano, o al menos la época de altas temperaturas, en Quintero. Pero, como la enfermedad sí llegó a Chile, sí empezó el contagio masivo y las autoridades comenzaron a hablar del cierre de ciudades y comunas, mi papá decidió ir a buscarla.

A partir de entonces, hablábamos por teléfono todos los días. Antes de que las autoridades dispusieran medidas de aislamiento, como familia optamos por aislarla completamente, para evitar cualquier posible contagio, pues mi mamá era hipertensa. Me enviaba audios (que atesoro con mi vida) muy preocupada no por ella, sino por mi suegro, de 89 años, diabético, cardiópata, hipertenso, muy del gusto de este maldito virus. Jamás, PERO JAMÁS, pensamos que ella sería la contagiada.

El jueves 30 de abril de 2020, a las 06:40 a.m., mi hermano menor me llamó desesperado, diciéndome que a mi mamá la llevaban de urgencia al servicio más cercano, pues se había caído por la escalera y rompió el ventanal con la cabeza. Se cortó cara y cuello, iba grave, con riesgo vital. La ambulancia la llevó a Hospital de La Florida, donde la reanimaron, curaron las heridas que pudieron, le realizaron varios exámenes y determinaron que debía ser trasladada urgente al Hospital Sótero del Río, servicio de salud más cercano que contaba con neurocirujanos.

Pregunté si la podíamos trasladar a Instituto de Neurocirugía o a alguna Clínica, pero por su gravedad no nos dejaron. Al llegar a Urgencias del Sótero, logré hablar con una señora que se encontraba en OIRS. Me dijo que no nos preocupáramos, que esa era una “urgencia no respiratoria” y que, por lo tanto, no había pacientes contagiados.

Luego de evaluarla, nos informaron que quedaría internada, porque tenía sangrado intracraneal, fractura en la base del cuello y laceraciones múltiples en la cabeza, cara y cuello. Nos dijeron algo que en aquel terrible escenario nos tranquilizó un poco: “No se preocupen. Acá estará aislada, imposible un contagio”.

Jamás pensamos que en ese Hospital los protocolos de seguridad para los pacientes eran NULOS. Nos dieron un número de teléfono para informarnos de su salud, para que no fuéramos todos los días, pero la única vez que tratamos de llamar, no nos contestaron. Cuando íbamos a dejarle sus pijamas, útiles de aseo, y todo lo que nos pedían, esperábamos el reporte del médico que la atendía.

Así lo pasamos hasta que el viernes 8 de mayo el neurocirujano salió a entregar el reporte del día a una salita de no más de tres metros cuadrados, en que atendió a familiares por orden de llegada. Primero, habló con los hijos de una señora mayor, a quien le informó que estaba bien de sus afecciones, pero que se había contagiado el COVID; luego, al esposo de una joven le dijo lo mismo: “Su señora está súper bien del golpe en la cabeza, pero también fue contagiada. Se la puede llevar a su casa”. Ahí, le abrí unos tremendos ojos al hombre y comencé a hacerle gestos para que no aceptara lo que decía el médico. Él le dijo que tenían una hija pequeña en la casa, que cómo se la iba a llevar contagiada a la casa, que no lo haría. Luego nos tocó el turno a nosotros. Nos dijo que mi mamá estaba muy bien de todas las complicaciones que la habían llevado ahí, pero que estaba contagiada. Comprenderán que obviamente el aislamiento no existió. Mi papá quedó en shock. Yo le dije: “No te preocupes. Aquí la contagiaron, aquí deben recuperarla”.

Me hice la fuerte, pero me aterré pensando en su hipertensión, y luego pensé que si se había recuperado de las lesiones de la caída, esto también podría superarlo.

Le pusieron naricera para ayudarla a respirar, pero el 13 de mayo se complicó y la trasladaron a la UCI, donde la tuvieron que intubar.

El doctor, que se identificó como Alfredo Mauricio Villagrán Olavarría, comenzó a decirnos que mi mamá iba “mejorando”, hasta que el inoperante e inepto de Mañalich empezó a decir que quedaban pocas camas UCI. Ahí, el discurso cambió: “Hemos retirado la medicación que la mantiene en vigilia y no despierta. Hemos hecho todo y no pasa nada”, nos decía. En el fondo, el tipo quería que lo autorizáramos a desconectarla, pero no lo dejamos. El 25 de mayo mis dos hermanos menores y los más regalones de mi mamá entraron a la UCI. Este hombre quería a toda costa la cama, la idea era más o menos “entren y despídanse”. Tuve un pequeño encontrón con él. Le recordé que ellos la habían contagiado, que aún no había tratado con plaquetas y quiso tratarme de ignorante, que ese método no era válido. Le dejé claro que no autorizaba su desconexión, que era lo que pretendía.

El 26 de mayo entramos mi hermana mayor y yo. La grabamos. Las máquinas registraban buena saturación. Le hablamos, le recordamos lo fuerte que siempre había sido.

Al día siguiente mi hermano menor me llamó diciéndome que el médico quería que fuéramos a despedirnos, porque mi mamá ya no daba más. Me quedé con la idea de que al existir una negligencia tan grande quería despejarse el camino. Entramos cinco personas tres días seguidos a la UCI, pero nadie nos contactó, ni nos dio una orden médica para realizarnos un PCR, cero preocupación. Nosotros, por nuestra cuenta, hicimos cuarentena en nuestras casas, a pesar de las obligaciones laborales.

Mi madre murió ese mismo día, el 27 de mayo, a las 11:45 horas.

Es terrible e inexplicable el dolor del alma; no tener a la “mami”, como lo decían sus siete nietos; a la “Pequeñita” como le dice mi papá; a nuestra amada y adorada madre.

El 28 de mayo debíamos retirar su cuerpo muy temprano. Fuimos autorizados solo su esposo, sus cuatro hijos, seis de los siete nietos (mi hijo mayor, con el dolor de su alma no pudo asistir, pues se quedó cuidando al Tata, que hasta el día de hoy no sabe que su hija falleció); su nuera y yernos. Fue el proceso más denigrante, doloroso y extraño que me ha tocado vivir. Uno de mis hermanos no permitió que embolsaran el ataúd. El hombre de la funeraria se molestó porque le exigimos que hiciera un recorrido especial, para que por lo menos la despidieran a distancia tanta familia, amigos, gente que la conoció y amó por ser la persona tan maravillosa que era. Hubiéramos sabido que todos se pasaban por buena parte las normas, hubiéramos realizado un funeral como ella se merecía, pero como nos educó e inculcó principios, valores, y lo más importante, el respeto por el prójimo, respetamos las restricciones al pie de la letra.

En el cinerario del Cementerio entraron el ataúd y un hombre con cero empatía preguntó: “¿Cuál es éste?”. “Perdón”, le respondí yo, “ella es Mirta Baeza Canales, ni una estadística o número, viejo estúpido”. Ese día, mientras estuvimos ahí, por lo menos llegaron otros diez ataúdes. Si algún día se logra llegar a la cifra real de fallecidos por COVID y los familiares se quieren reunir para una denuncia colectiva contra quienes resulten responsables, me anoto. No por venganza, sino por Justicia para mi madre y tanta gente que no merecía morir de esta manera.

Nicholas Macker Baeza, hijo:

Mi mamá era una mujer extraordinaria, que puso las necesidades de su familia por sobre las suyas. En algún momento de su vida llegó a tener dos trabajos para que sus hijos no pasarámos las carencias que ella tuvo durante su infancia.

Qué puedo decir, el honor más grande que tuve y tendré es decir que soy su hijo y que la amo con el alma. Su ausencia me tiene sumido en una depresión que estoy intentando superar. Esto lo hago porque quiero honrar su nombre, su bondad infinita, que es algo que todos los que la conocieron valoran.

No solo nosotros como familia estamos destruidos, muchos vecinos, mis amigos, sus excompañeros de trabajo.

Algo muy resumido que puedo contar de ella, es que siendo un niño me regaló un Nintendo, y al día siguiente fue a comprar uno para mi sobrino y años más repitió el gesto con otro sobrino.

Se dedicó a ayudar a quienes tenían carencias, privilegió el ayudar antes que la acumulación económica, algo que me llena de orgullo.

Todos, pero absolutamente todos quienes la conocieron lo pueden validar.

Edgar Macker Acle, esposo:

Por mi parte, solo espero que Dios algún día me llame y poder volver a estar con ella.

No pasa un día en que no sienta su ausencia, pero sé que algún día la voy a volver a abrazar.

Mirta Baeza, mi pequeña y linda esposa, extraordinaria, como esposa, como nuera, como madre y como abuela. 

Amante y protectora de su familia, siempre primero su familia por sobre todas las cosas.

De carácter fuerte, lo que la llevó a conseguir siempre sus objetivos y crear una hermosa familia, que la hacía sentirse tremendamente orgullosa. 

Su partida repentina nos deja un enorme vacío y dolor. Su recuerdo va a ser imborrable y hoy ocupa un lugar especial y preferente en nuestros corazones. 

Mi pequeñita es irreemplazable y fui muy afortunado de contar con su amor y su apoyo.